El problema es que ninguno de los dos -desde hace tiempo -
cree en los finales felices.
La ilusa búsqueda nos dejo -incontables veces-
Con un sabor amargo entre los labios.
Ahora las promesas de amor no tienen ningún valor, y a la menor sospecha de felicidad le vemos, sin remedio, rostro de quimera.
Por eso hacemos como si nunca el brillo en los ojos del otro...
Como que no tocaste mi alma, cono sino temblaste entero entre mis brazos.
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